lunes, 17 de abril de 2023
el baile
Bailar sobre las cenizas de una noche difícil. No nos importó estar solos en la pista, nos atrevemos con todo por nosotros, por lo nuestro. Tu risa con la cabeza hacia atrás me vuelve loco.
domingo, 16 de abril de 2023
San Francisco
Repartía pan por las puertas de San Francisco en Telde.
Mientras subía y bajaba calles con adoquines miraba de reojo las ventanas entreabiertas para ver cómo despertaba cada casa.
Seguía siempre la misma trayectoria de puertas y horarios. Eso le permitía tener una continuidad en las vidas de todos sus clientes.
Cuando las historias se ponían muy dramáticas alteraba el orden de la ruta matutina sólo unas semanas. Era increíble, pero eso hacía que las historias fueran distintas.
Se ganó la fama de no ser puntual ya sea por adelantarse o retrasarse a pesar de entrar y salir del barrio exactamente a la misma hora cada día. Nadie nunca supo el motivo.
miércoles, 12 de abril de 2023
Tus besos
Te imagino de rodillas sobre la cama erguida frente a mí.
Siento nuestros torsos unidos por el calor de la piel.
Sonríes unos segundos y ladeas tu cara pegando tus labios a los míos.
Tu sonrisa desaparece en unos labios entreabiertos.
Siento tu lengua tímida. La punta busca mis labios y mi lengua.
Tus suspiros me hablan de tu concentración.
Siento tus manos por mi espalda.
Mientras te abrazo voy bajando las mías y te aprieto.
Podría pasar horas así, olvidarnos del mundo y no hacer otra cosa.
martes, 4 de abril de 2023
tu ojos
Siempre recordaré tu mirada. Lo dices todo. Es una mirada de amor, de enamoramiento, de admiración, de respeto.
Me siento desnudo ante ella, te bastan unos segundos para saber cómo estoy, y preguntas.
Es una mirada de mujer madura, que sabe lo que quiere y lo que da. Que es generosa y exigente. Que es apasionada y mimosa. Alegre y en ocasiones triste. Que expresa lo que siente sin filtros. Me enamora tu sinceridad inocente. Eres tú y eso es de lo que quiero estar enamorado, de ti.
domingo, 2 de abril de 2023
incluir
No me siento orgulloso de los éxitos de mis hijos ni me siento responsable de sus fracasos. Ambos son méritos de ellos. Me alegraré en un caso y ofreceré mi ayuda en otro. Como padre sé que he hecho lo que he podido y sabido en cada una de las decisiones que haya tomado con respecto a su educación. Sabiendo de antemano que no existen decisiones acertadas ni equivocadas como si fuera un puzzle con un único final posible.
Pero sí me siento orgulloso de una decisión mía: en mi casa no se excluye a nadie que algún miembro de la familia quiera traer.
Mi hija y mi hijo saben que pueden traer a casa a quien deseen. Y ambos saben que a casa sube cualquier persona que yo desee que lo haga, ya sea a almorzar, cambiarse el bañador o a dormir.
Sin importar el tipo de relación que yo lleve con esa persona ni el tiempo en el que empezó la relación.
Aunque suene ridículo, en muchas ocasiones se excluye a una persona de un acto por qué cosas hace o no hace y con quién en una cama y desnudos.
Y aunque nunca fui consciente de ello hasta hace un par de años, mis padres siempre han sido así. Siempre han abierto las manos a cualquier persona que yo traiga a casa. La han aceptado sin condiciones.
Hace unos años se planteó el dilema de la primera noche buena en familia. Y surgió la duda de esa aceptación a sentarse en la mesa de mis padres. Por supuesto la duda no era de ellos. Yo tuve clara la respuesta: si ellos no quieren que tú me acompañes, entonces yo no iré, ya no me sentiría bienvenido.
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