jueves, 9 de abril de 2026

 Siguieron hablando un rato más, mucho más de lo que pensaban porque a los dos se les hizo un poco tarde para volver a sus trabajos. Así suelen ser los primeros momentos de una relación, esos primeros momentos en que todo es perfecto, todo tiene el filtro de lo nuevo, lo no juzgado, la poca intención de juzgar, quizá el momento en que estamos más en contacto con la libertad del otro ser, cuando no queremos cambiar nada porque todo nos resulta asombrosamente coincidente con cómo somos nosotros, como si nunca hubiéramos conocido a nadie igual, a nadie que mereciera nuestro amor incondicional. Así son los inicios, no me atrevo a decir si eso es más real o menos que cuando se pierde la paciencia y todo se tuerce, y donde veíamos todo perfecto ahora enfocamos con nuestra vista tropiezos y dificultades. Igual todas las relaciones sólo consisten en eso, en caerse bien cuando no nos conocemos primero y en caerse mal cuando nos conocemos algo, y sólo se diferencian unas y otras en el momento en el que cada persona decide bajarse del carro, unas personas lo hacen antes y otras después, y esas mismas personas a lo largo de su vida unas veces se bajan antes y otras después. Probablemente la experiencia lleve a saber bajarse del carro en el momento exacto en el que el sufrimiento empieza a no ser rentable.